Las muestras de odio ocurren a diario, en todo el mundo, en menor o gran escala. Las implicaciones del atentado al semanario francés Charlie Hebdo, la semana pasada, van más allá de lo que se ha querido señalar como un ataque a la libertad de expresión. Primeramente, valdría reconocer que la publicación ya antes había recibido amenazas por difundir material exponiendo la imagen de Mahoma, cuando en el 2006, reimprimió viñetas de una revista danesa, con alusión al tema. Evidentemente que sobre aviso no hay reclamo. Luego sería bueno saber que el pueblo islámico es muy celoso con su tradición y sus creencias, y que no hacen ninguna concesión al respecto. Sino, véase la persecución que por años obligó a Salman Rushdie, autor británico nacido en India, en 1988 tras publicar "Los Versos Satánicos". Entonces, la pregunta es ¿qué necesidad hay de ofender para generar crítica? Resulta que de la tolerancia que ahora todo mundo predica, nadie se acordó mientras se usaba la imagen del Profeta antes.
La libertad de expresión es como una frontera: sólo existe en la mente de los que la usan para sus intereses. Yo siempre he creído que se puede entablar un discusión o cualquier debate sin tener que recurrir a aplastar los sistemas de creencia de otros. Ciertamente, Charlie Hebdo, no enfocaba sus críticas únicamente al Islam en sus publicaciones. Pero de todas maneras, una provocación no deja de serlo aunque se intente disfrazar. la libertad de expresión, no es algo mágico que nos permite ir por ahí diciendo lo que queramos sin que nadie nos mira mal siquiera. No, por el contrario, es la responsabilidad de manejar con inteligencia nuestras opiniones en favor de una acción significativa. Francia vivió una semana difícil ciertamente, el caos y el miedo se apoderaron de la gente y todo terminó con saldo trágico. Se perdieron vidas y talento de los caricaturistas del semanario. Y nada justifica la violencia de un grupo de fanáticos religiosos, si es que claro, creemos que fueron ellos los responsables de la masacre. No hay que confundir y asumir que todo musulmán es terrorista por naturaleza. Pero detrás de todo, ¿existe realmente no que se nos intenta vender? Supongo que como siempre, lo más razonable es cuestionarlo todo.
La postal quedó muy bonita: Putin, Merkel y Netanyahu (¡responsable de miles de muertes en Gaza!) con Hollande, haciendo una cadena humana al frente de una multitudinaria concentración en contra del terrorismo. Lápices afilados, alzados y el grito de "Je suis Charlie" porque ahora, Todos somos Charlie, todos lo que no hemos ofendido con las tragedias y las violaciones a los derechos humanos y las libertades. Curiosamente, una manifestación así no se hace cuando las masacres (muchos más que diecisite) suceden en África. Y desde luego, mucho menos cuando son los gobiernos los responsables o al menos, han dejado pasar las cosas. La situación de Francia es complicada, como en todas partes. Por eso, antes de usar el hashtag (#) sépase que: el gobierno francés actual, comandado por monsieur Hollande, quien por cierto parce ser casi tan impopular como Peña Nieto y solo un poco más que Sánchez Cerén, es de tendencia socialista (le ahorro la búsqueda en el diccionario: socialismo=satanismo, especialmente en latinoamérica). Y Charlie Hebdo, también, entre otras posturas más. La cuestión de la migración y la discriminación musulmana en Francia no es nueva ni mucho menos sencilla de entender. Algo así como los nicaragüenses en Costa Rica o lo salvadoreños en Estados Unidos. ¿Por qué dudar entonces de los análisis de CNN y sus secuaces? Sencillamente por que este mundo es una ilusión que todos terminamos por creer tarde o temprano. Así como existen grupos extremistas islámicos, también hay cristianos fanáticos capaces de hacer barbaridades indecibles. ¿No dicen acaso, que lo que pasó el 11-S fue propiciado por el gobierno mismo? Curiosamente, el ataque y el repudio hacia oriente medio se aviva en estos momentos en que el oro negro ha bajado de precio. Solamente se puede estar seguro que es terrible lo que el ser humano puede hacer en procura de sus intereses. Nada más.
Más de un millón de personas congregadas en París, gritando ser Charlie a una voz, con lápices en alto y la consigna de repudiar el terrorismo. Antes de ser Charlie, sería bueno, estar conscientes que no se trata nada más de una tendencia de moda únicamente. Si los evento de París conmueven, claro, como deberían hacerlo todos asesinatos, por ejemplo los quince al día que suceden acá en El Salvador, disparados a propósito para hacer propaganda política. Los genocidios como los sucedidos en Ruanda a principios de los 90 y en Guatemala con Ríos Montt y más recientemente en Ayotzinapa, México. La solidaridad no debería solamente desempolvarse cada vez que un acto se vuelve trending topic. ¿Qué hay del desprecio hacia las madres solteras, la comunidad homosexual y la pobreza? Y eso pasa todos los días. La intolerancia no solo tiene que ver con la religión.
Descansen en paz Charb, Cabu, Wolinski y Tignous; los civiles y los agentes de policía; los autores del atentado y todos los que a diario pierden la vida por causa del odio. Pero especialmente, los cientos de miles que mueren en silencio y nos importan un carajo el resto de los 364 días del año.