Mucho gusto, me llamo Ana.
No tengo muchos amigos porque solamente puedo hablar con mi diario.
Vivo en un vecindario muy poco hospitalario, por eso mi mundo favorito está en un armario
“No llegarás muy lejos si te quedas ahí dentro”, así me lo dijo Zaratustra.
Entonces me convertí en el viajero del siglo, el que no confía en nadie ni se ajusta.
Sin embargo, por hoy quiero creer en ti y en tu abrazo fraterno
Y espero que de verdad sea cierto eso de que ningún odio es eterno.
Desde niño tuve que aprender que ahí afuera hay inviernos mucho peores que en Westeros.
De ahí mi costumbre de refugiarme en mi mente que es casi siempre un lugar más placentero.
Es común que me pierda en sueños constantes y distantes como el cielo.
El más preciado de ellos, fue el día que mi padre me llevó a conocer el hielo.
De manera elocuente, me lo evocó el cañón de un fusil frente a mi frente,
Muchos años más tarde, muchas generaciones, cada una más diferente
Pero todas unidas por el embrujo de una ciudad inventada, aparentemente.
A veces, me vuelvo mi peor enemigo encerrado aquí en mi celda con mi tambor hecho de lata
Mi vida a través de los ojos de otra gente, es el miedo a crecer el relata esta historia insensata
Y no es que huya de la realidad; es ella quien se escapa de mí, si me ves volar por Nunca Jamás.
No puedo hacer más, solo en sueños aprendí a ser libre aunque me aten mis sábanas.
Conozco bien esa sensación de no ser yo y sentirme alterado como un hombre duplicado
Dicen que nadie es exclusivo, en ocasiones, podemos llegar a sentirnos tan poco identificados,
Que nos volvemos extranjeros en nuestra propia tierra y te encasilla,
La atroz monotonía de vivir el día a día en el país de las maravillas.
Pero por mí no te preocupés, cuando salga de aquí me iré a vivir a mi propio asteroide,
Lejos de mi tierra de infancia donde me espera mi rosa y mi ilustre familia androide.
Me han llamado loco, sí, pero jamás he dudado que en algún sitio existe un mundo feliz.
Para todos, incluso para mí, comunista manifiesto, que no cree en Persépolis,
Democracias ni dictaduras. Mi distopía favorita es creerme poeta en la Gran Manzana,
Un lugar donde puedo ser lo que sea, igual que la novia oscura fue del placer una artesana.
Sin orgullo ni prejuicio, solamente existo porque cualquier pasada, frente al precipicio,
Se convierte en odisea y vale la pena contarla; y contar historias es mi más grande vicio.
Y puede que igual que tú, haya tenido algún Waterloo; mantener una sonrisa es mi suplicio.
No tengo el carisma de Gatsby, o el idealismo de Zhivago, más si, el alma sucia como la de un vago.
Aunque no lo creas, soy un buen chico en el fondo, con el corazón en tinieblas pero nunca naufrago.
Mi cruzada no tiene nada que ver con derrocar gobernantes, sino molinos de aspas feroces.
Siempre trato de escribir honesto aunque traicione a mi mente y a cada una de sus voces,
Al inventarme algunas verdades, no logro mantenerme intacto, como en el cuadro de Dorian Gray.
Yo vengo de un país diminuto con nombre de hospital donde todo sale mal y no existe la ley.
Ahí se sobrevive sin ti aunque haga frio, y sin embargo amor, sigo creyendo en la inocencia
De una adolescente que me mira y me habla con fuego, y me invita a pecar con indiferencia.
No soy un gran héroe ni un hombre de ciencia, me desespera esperar, no tengo la paciencia
Y a diferencia de la primera, te aseguro que las siguientes mil noches parecen un cuento.
He hecho un millón de planes pero de momento a muy pocos les he dado cumplimiento.
El próximo es morirme y no decirle a nadie una palabra, luego regresar igual que el conde Dantés,
Para que te des cuenta que en este mundo de porquería hasta tus enemigos son importantes.
No pretendo encontrar el paraíso perdido y una vez ahí celebrar con bengalas.
Solamente encontrar a mi padre, hablar con él, aunque tenga que ir hasta Comala.
Siempre lo he tenido claro, igual que mi sombra me sigue yo sigo la del viento
Y te comento, que aunque sea grande el descontento, disfruto de la música y del sentimiento
En este Bestiario, mundo falso, estrafalario, donde el amor dura lo mismo que un tweet;
Y yo aquí, con mi triste beat que nadie escucha por más que le de repeat. (But, fuck that shit!)
Prefiero ser sincero: no me importa si vivir es más complejo que el código de Leonardo.
Las cosas a su tiempo; no existe un más allá y por ende nadie va a dejarme afuera si me tardo.
Al menos eso creo, yo que llevo años buscando, del creador un indicio, alguna pista de que sí exista.
Hasta probé siendo alquimista, pero al final resultó que solo puedo creer en lo que tengo a la vista.
Universos de letras, dramas de cuneta, cuentos de barro y relatos paganos con poemas humanos;
Apenas soy un hombre mediocre tratando de evadir la atenta mirada de un gran hermano.
Entre turistas de sus sueños, que anhelan ser mariposas sin perder sus privilegios de gusanos.
Hay recuerdos que son “heavier than heaven”, hay monumentos al olvido que ya no me conmueven,
Pues cada persona que se marcha es apenas una breve historia de un tiempo implacable que puede,
Mostrarnos que lo verdadero nunca es el dinero sino los eneros que duran tan solo un segundo.
Pasa que a veces no sé qué hacer, y me confundo, como Sofía en su mundo, o un hobbit sin rumbo.
Yo soy de los que, se pierden sin entrar al bosque. De esos que, les importan poco los modales,
La gente y sus post existenciales, llenos “likes” superficiales, se creen todos tan intelectuales.
A mí gusta tener conversaciones en catedrales antes de caer en dogmas colaterales.
Así contemplo al tiempo y mientras decido cuál será mi contribución desde mi mental prisión,
Escucho el noticiero y quiero que la realidad se parezca más al cuento y menos al destino cruento.
Pero por ahora me conformo con leer y escribir, porque el resto de las cosas no son tan importantes.
Y sé que aunque todavía no sea mi hora de ir con Virgilio de paseo por el Hades, verdad es
Que hay una pregunta que me gustaría responder antes decir adiós en mi final despedida:
Si soy todos los libros que he leído, o el vacío de la ausencia que ellos abrieron en mi vida.