Después del conflicto armado que vivió el Salvador en la década de 1980, hasta el cese a las hostilidades, en enero de 1992, uno de los procesos más llamativos (y significativos) que el gobierno impulsó fue la Reforma Educativa en 1995. De esta reforma, cuyos ejes principales era centrar el proceso educativo en el estudiante y el aprendizaje, y la desentralización de los procesos de decisión para lograr la participación activa de la comunidad, ahora queda nada más el eco de la pregunta, siempre persistente, de los resultados obtenidos. En aquellos años, bajo el lema, "Educación la Solución", se elaboró un plan decenal (1995-2005) cuyos resultados fueron evidentes en gran medida, si se extraen resultados globales y productos totales. Pero esta realidad, a diez años de la planificación parecerían mentira.
Recientemente, una niña afgana, Malala Yousafzai (1997) se convirtió en la persona más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz por su lucha en favor de la educación. De si esta victoria resulta más conveniente como panfleto para señalar una haz de luz, en medio de un régimen opresivo como lo es el de los Talibanes, que asolan la realidad de muchos, entre ellos Malala, no dejó de generar discusión. Claro, si a esta niña, la hubiera masacrado un grupo de soldados norteamericanos (como ha sucedido ya) o hubiera sido víctima de un "Drone" del Reino Unido (Nobel de la Paz en 2012); seguramente ni supiéramos su nombre. Es simplemente otra perspectiva de una misma realidad. En occidente celebramos el triunfo de Malala sin darnos cuenta que nosotros mismos, el régimen libertador de occidente abanderado por E.E.U.U, hemos sido en parte, los creadores de ése otro régimen opresor. Pecamos al menos de omisión, sino de facto.
Pero eso que queda a la conciencia de la política y las banderas plantadas en tierras lejanas.
Malala Yousafzai, dijo en su discurso ante la asamblea general de la ONU, “Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”. Durante años, esta niña se mantuvo al pie de un blog anónimo hasta lograr ser escuchada y alcanzar notoriedad internacional, con Premio Nobel. Muy admirable de su parte. Seguramente ella, junto con tantos otros santos ortodoxos, se convertirá en símbolo de una lucha que, en cualquier parte, resulta por mucho, necesaria.
"Algunos niños no quieren consolas, quieren un libro y un bolígrafo para ir al colegio". Discurso ante el Parlamento Europeo.
Estremecedoras palabras. Válidas. Incluso aquí, en donde la educación ha venido sufriendo transformaciones constantes, ante un sistema a que no todos parecen ajustarse. Por supuesto, la educación es siempre la solución y en este sentido, la implementación de paquetes escolares, alimentación, vestimenta e insumos escolares tecnológicos por parte del gobierno en turno, no ha dejado de tener un impacto positivo en nuestra realidad. El problema, y con esto volvemos al planteamiento inicial, es que son resultados globales. De ninguna manera, estas estadísticas se ajustan al día a día de las escuelas, donde apenas un porcentaje limitado de estudiantes, destacan, siendo que la gran mayoría parece no poner interés y asisten a clases únicamente por compromiso. ¿Hacia donde va el rumbo de la educación actualmente en El Salvador? No a formar adultos profesionales competentes (baste echar una ojeada a cualquier programa de estudios en los últimos años), es evidente que la calidad ha desmejorado.
Nuestros gobiernos (tricolores o monocromáticos) han parecido apostarle a la economía para lograr un avance significativo de nuestro país. Inyectado economía, parecería ser la premisa, El Salvador crecerá. Construyendo metrópolis a la altura de los estándares cosmopolitas contemporáneos, encontraremos el camino de salida al estanque social, cultural y económico que aún rige a nuestro país. Eso no funcionó, ni funcionará (a corto plazo, al menos). Entonces, ¿Educación? Claro: ¡He ahí la respuesta!
Pero, ¿que habrá que hacer? ¿Construir centros de estudios con infraestructura moderna? ¿Dotar de equipos electrónicos de vanguardia a las escuelas? ¿Capacitar docentes? (algo sumamente urgente, por cierto). Al parecer no. Nada de esto funcionaría, dado que el interés no viene de la escuela, sino del estudiante. De la gran mayoría de niños que asisten a clases, en cualquier lugar y condición del país, son pocos lo que vislumbran un futuro prometedor. No se equivocan. ¿De qué sirve obtener las mejores notas, sobresalir, agenciarse galardones, becas y primeros lugares, si después, tras enfrentar un proceso educativo superior universitario, todos ellos sin excepción van a encontrar una realidad que no ofrece oportunidades? No es de extrañar el desánimo y la falta de interés. Está visto que, es mucho más rentable aprender un oficio o convertirse en músculo de maquila, emigrar o "rebuscarse" como se dice por acá. ¿Cuántos profesionales titulados, terminan optando por un negocio mediocre o desempeñándose en otro rubro distinto al suyo y que por cierto les resulta más rentable? Sin mencionar el acoso de la violencia y los grupos delictivos, que brindan una opción nada más: unirse o morir en el escape.
Muchas cosas podrían hacerse, pero ante nada, habría que mejorar las condiciones locales para el desarrollo de las nuevas generaciones. Ofrecer un campo laboral digno y sostenible para el mercado nacional. Estimular el crecimiento empresarial regional, por ejemplo (¡Bienvenido Nayib! A ver si esas ideas florecen en este cementerio) En fin, promover un futuro, antes de pensar en modificar el presente. ¿Será tan imposible de lograr en realidad?
“Parte de la naturaleza humana es que no aprende la importancia de nada hasta que se nos arrebata algo de nuestras manos”. Entrevista en The Daily Show.
Parece que el discurso de Malala, es inmune por acá. Y lo será, hasta que no se empiece a generar un futuro digno para tanto estudiante que por ahora, sólo piensa en averiguar cuánto cobra un "coyote" para entrar a los Estados Unidos. Por tanto, se agradece que los cambios empiecen a generarse de inmediato. Pero mientras los estudiantes no logren visualizar qué hacer con el futuro que pretenden construir, las ideas como las de Malala Yousafzai, quedrán ahí donde las vemos, en una pantalla de televisión o en un ideal escrito en menos de 120 caracteres.
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