Hacernos escuchar por encima de los demás, como especie humana, es un rasgo que nos ha caracterizado desde siempre. Incluso desde el principio de nuestra propia historia; ni bien hemos salido del útero materno, nuestra primera reacción es llorar. Nos molesta el nuevo ambiente al que hemos sido traídos, queremos comunicar el descontento de la primera experiencia en un mundo ajeno a la tranquilidad que supuso nuestra gestación. El tiempo transcurre y nosotros con él. Aprendemos y desaprendemos muchas cosas todos los días. Pero lo que nunca cambia es nuestra necesidad de comunicarnos.
Las redes sociales surgieron mucho antes de lo que asumimos. No fue Mark Zuckerberg quien la ideó. Ni cerca. El estudio de las redes sociales viene interesando a los expertos desde el siglo pasado. De hecho, tienen más que ver con las ciencias sociales y las ciencias políticas, más que con compartir imágenes de nuestras vacaciones. No cabe duda que las redes de este tipo, ahora en día completamente digitalizadas y con un alcance mundial y prácticamente ilimitado, son una herramienta de comunicación y comercialización inmejorable. Por ahora.
Actualmente, la oferta de redes sociales disponibles es mucho más amplia. Aunque las preferencias globales enmarcan apenas unas diez, entre un numero que cada día va en aumento. Prácticamente existe un red social o un sitio -que aunque lo niegue, brinde interacción entre los usuarios-, para cada necesidad. Y en esta lista, las estupideces ocupan muchos espacios. Desde sitios para entusiastas de las adicciones, hasta sitios para tener citas románticas con fantasmas, las redes sociales contemporáneas han sabido adaptarse a cada usuario en potencia. Con ello, inevitablemente surge la pregunta: ¿Cuál es la ganancia de estos medios?
Poco a poco no hemos ido dando cuenta de la trampa. Entre otras cosas, la publicidad que se arrastra entre contenidos es mucho más rentable que la publicidad tradicional. Ahora sabemos que el invento del señor Zuckerberg, se parece más a una herramienta de espionaje de alta tecnología y largo alcance. Parece broma, pero el Facebook nos conoce mejor que nosotros mismos. Vender, vender y vender. Todo se reduce a la colocación de productos en el subconsciente colectivo. Y claro que funciona: las ganancias son millonarias y efectivas. Un dato más: no es casualidad que las principales redes sociales estén conectadas y que uno pueda hacer uso de ellas con un solo perfil de usuario. Tampoco lo es, que exista un único dueño detrás de las tres principales. En sí, estamos siendo vigilados por una mega organización que, si lo desea, puede intervenir y modificar nuestra existencia si así lo requiere. Y muchos pensamos que "El Show de Truman" fue una excelente película de ciencia ficción.
Sin embargo, más allá de los alcances logísticos y comerciales de las redes sociales, el mayor daño que nos han causado con la cultura del LIKE, es que ahora, nuestra generación es una camada de zombies que pasan en promedio más de 26 horas al mes por usuario. Desde luego, el peligro siempre radicará en el uso que cada quien haga de las redes sociales. Existen maneras positivas de compartir recursos y muchos sitios que ofrecen contenido que vale la pena. Desde luego, no son los más populares. ¡Sorpresa! Para muchas personas el uso de estos sitios viene a significar un mundo inventado por ellos mismos, en el cual, pueden asumir el rol que mejor les plazca. Mientras tanto, en la vida diaria, ni siquiera son capaces de contestar un saludo en la calle. Las redes sociales nos han convertido en revolucionarios de "share & like", vendedores de primer nivel y artistas espectaculares. Todos hemos caído en la tentación. Nos hemos dejado convertir en una sociedad que de todo hacemos un chiste. Nos tardamos más en interpretar una acción que en inundar nuestros perfiles con memes.
Es increíble ver como las protestas vía Facebook o Twitter parecen Bolcehviques digitales de escala global. Pero no pasan de ahí. Los gobiernos y las corporaciones lo saben y simplemente sonríen mientras miles de personas se quedan protestando en una jaula virtual, de que creemos, es muy fácil escapar. Parece que no importa el alcance de una manifestación, tanto como las fotos que se publicarán o los vídeos que se harán virales en segundos. Los resultados importan poco. Exhibirse es lo in ahora en día. Nada como un ciber-berrinche, desde nuestro pequeño mundo de fantasía virtual para demostrar nuestra elevada cuota de conciencia social. Estamos desapareciendo en un mundo plagado de mentiras y anuncios. Con tantos distractores, es difícil darse cuenta que la verdad está ahí, frente a nuestros ojos. El capitalismo se burla de lo fácil que es actuar de manera salvaje, en un mundo donde importa más exhibir estupideces que salir a la calle e intentar hacer algo para cambiar la realidad. Una realidad cada día más difusa, entre la frontera de lo absurdo y la realidad. Como si compartir una foto de un niño hambriento, putear un presidente o compartir un imagen mil veces compartida, fuera a cambiar las cosas. Ese, es el daño más grande que las redes sociales nos han hecho.
Una antigua leyenda africana, dice que el primer llanto de un bebé al nacer se debe a que hemos muerto en nuestra vida previa, para venir a esta. El ser humano es un universo de experiencias y aprendizajes cotidianos. Ningún deseo es mayor, que el deseo de justicia e igualdad. No estaría mal que encontráramos la manera de hacer que ese grito, que nos acompañará por el resto de nuestra existencia, genera acciones concretas en lugar de simples "likes".