lunes, 15 de agosto de 2016

El oscurantismo salvadoreño del siglo XXI

Parece ser que dentro de nuestro mundo, existen otros tres mundos. La Segunda Guerra Mundial nos dejó varias lecciones que no acabamos de aprender, algunas otras que sí y seguramente, muchas que iremos descubriendo por el camino aun por andar. De aquel conflicto extraemos el concepto de los "países del primer mundo" y, en contraposición, los "países del tercer mundo". Casi nadie menciona el "segundo mundo" porque éstos eran los países alineados con la Unión Soviética, que llegaron a su fin con la caída del muro en el año 1989. "El Primer Mundo", los países que tienen un alto índice de desarrollo humano (IDH) están marcados por ciertas cualidades que brindan a sus habitantes un mejor estatus de vida, siendo estos educación, salud, distribución de la riqueza y calidad de servicios públicos. Curiosamente, son los países que en su momento se aliaron durante el conflicto mundial. Y por ende, los países "Tercermundistas" fueron los que se mantuvieron al margen, adoptando un posición neutral. 

Adoptando un esquema fácil de graficar, si se traza una linea dividiendo el mundo con una línea aproximadamente por debajo de los Estados Unidos y continuando por la mitad de Europa, nos queda un mapa con los países del "Primer Mundo" en la parte superior, y el resto, hacia abajo, los que pertenecen al "Tercer Mundo". Claro, esto es un aproximación y como tal, admite revisiones y excepciones. Faltaría más. Sin embargo, es curioso notar que éstos países, los de la parte superior, son los que por tradición se han desprendido de los modelos de pensamiento más ortodoxodos. Y luego estamos nosotros, América Latina, África, Oceanía, el sureste asiático y de Europa, que en su mayoría son países anegados en la pobreza y los problemas sociales que la ineptitud de los modelos políticos no han podido sacar de dicha posición incómoda. Insisto, esto es subjetivo. Habrán problemas y salvedades en ambos hemisferios, pero en síntesis, nuestro lado pertenece a sociedades enquilosadas en modelos arcaicos, conservadores y por demás fracasados. Como si las noticias del progreso llegaran acá, con muchos años de retraso. 

Valga citar como ejemplo Holanda. Un país considerado con un alto IDH, que ostenta aproximadamente un 45% de su población con ideología atea, en años recientes ha venido cerrando iglesias para convertirlas en cafeterías y librerías públicas. El resultado directo, también han debido cerrar algunas cárceles, por falta de uso en dicho país y otros de la misma región. Es el caso contrario de la otra mitad del mundo, donde el ateísmo es la minoría y la religiosidad (que a veces raya en la obsesión ciega) gobiernan sobre la vida de sus habitantes. Y nos es necesario listar los problemas que aquejan a nuestro lado del mapa. ¿Coincidencia?

Recientemente, salió a luz la noticia de una estudiante en nuestro país que presuntamente abortó dentro de un centro escolar. La cuestión trascendió hasta confirmarse el hecho, sabiendo nombres y apellidos de los involucrados. El suceso está en desarrollo al momento de escribirse esta reflexión, pero hasta el momento, sabemos que la alumna no era menor de edad, que su bebé tendría ya unas 36 semanas de gestación y que el aborto no fue inducido y se debió a una infección genital. Un detalle más: la involucrada probablemente fue víctima de un abuso sexual. Eso se sabe hasta el momento. Pero en este país, que más parece un circo, es probable que la historia tome un giro inesperado al final. Pero si traigo a la luz este caso, que desde luego no es el único ni el más dramático que hemos presenciado, y a su vez, el esquema de los países del primer y tercer mundo, es porque creo que tienen un relación directa. 

Ya trascendió que se procesará a la joven madre bajo un cargo de asesinato. Es decir, luego de vivir el momento traumático que implica un aborto (como quiera que se de) y de un presunto abuso sexual, ahora tendrá que enfrentar un juicio que probablemente le depare una condena de hasta 40 años, según se ha visto en otros casos. Prácticamente, toda su vida perdida. 
El objeto de este texto no es abogar por la joven. Ni siquiera intentar responder a las miles de preguntas que quedan sueltas después de conocerse el hecho. Es tan solo un intento de llamar a una refelxión sobre nuestro país y su sistemas de pensamiento ultra conservador. Mucho menos, esto se trata de una apología en favor del aborto (que es un asesinato, sí). Se trata de preguntarse a dónde queremos llegar con nuestra idea de justicia y moral. ¿Condenamos un aborto como si se tratara de un acto aberrante llevado a la práctica por seres irracionales que no tienen consciencia? En el sistema penitenciario para mujeres hay muchas internas, pagando condenas porque han tenido que abortar tanto de forma inducida como irremediable. ¿Cómo pretendemos avanzar como sociedad mientras sigamos sosteniendo esta falsa moral pseudo cristiana? Por que es en estas situaciones que usamos una Biblia como escudo para justificarnos. Los defensores de esta moral chauvinista, neo liberalista, se hace justicia, pero no se ponen a pensar en las razones ni las circunstancias que llevan a estas mujeres a buscar la salida del aborto. Como el caso de Beatriz. Es una pena que una vida inocente deba segarse, pero es todavía peor cuando esto sucede en medio de un sociedad cegada por el pragmatismo de una sociedad que parece llevar todavía bajo la ropa el hábito del Santo Oficio. 

Esta doble moral es especialmente chocante ya que, en El Salvador, existen mujeres que seguramente abortan o recurren a métodos anticonceptivos para resguardar su reputación (en el menos grave de los casos), y claro, estos casos nunca salen a la luz por éstas pueden comprar el silencio y los servicios de un médico profesional y con pocos escrúpulos. Como siempre, la justicia solamente jode a los pobres y favorece a aquellos que ven en peligro su poder. 
Se trata de pensar un poco. ¿Realmente vale la pena traer al mundo a un niño a toda costa? ¿A un hogar roto y sin amor, cuyo único futuro próximo será integrar una pandilla, el cáncer de nuestra sociedad? ¿Qué futuro le espera a una criatura con una jovencita que no está física ni mentalmente preparada para asumir la tarea de la maternidad? Cierro insistiendo en que el aborto, creencias y dogmas aparte, es y seguirá siendo un asesinato. Más, ¿puede al menos considerarse en algunos casos y para algunas circunstancias? 

Tal vez un día, cuando decidamos abandonar el manual de nuestra sociedad remilgada  moralista, El Salvador pueda dar un paso adelante y así, entender que estos esquemas de pensamiento son los que en gran medida, han atrasado a nuestro pueblo y se han extendido en muchos aspectos, sociales, educativos, culturales y demás. Tal vez estemos lejos de alcanzar los IDH de países como los de la parte superior de la línea imaginaria que nos divide, pero ciertamente de seguir así, no vamos a avanzar un centímetro. Me entristece ver casos como el de esta joven y lo que le depara, lo digo como ser humano. Me da tristeza la realidad que vivimos. Qué será lo siguiente, ¿quemar brujas en la hoguera?

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