viernes, 22 de mayo de 2015

Los mártires jamás mueren

Óscar fue un individuo que siempre tuvo claro cuál era su camino. Y si no fue así, al menos supo que jamás iba a detenerse. El miedo lo invadió alguna vez, sí. Pero no iba a dejar de decir lo que él sabía estaba mal. Denunciar no es incitar. Él lo sabía bien. Por eso, aquella tarde de marzo, un momento antes que la bala se disparara, Óscar elevo los ojos al cielo y ofreció algo más que el pan consagrado de la eucaristía. 

A un mártir se lo define como la persona que sufre persecución a causa de sus creencias (religiosas mayormente) y que es asesinado por negarse a renunciar a ellas. Bien dijo Jesucristo: "La verdad os hará libres", sin embargo se olvidó mencionar que "La verdad siempre es perseguida". Eso lo dijo Óscar, muchos siglos después. Si bien es cierto que Óscar, durante su gestión como arzobispo de San Salvador, hizo señalamientos que en concreto molestaron a algunos sectores de poder, no hay que pasar por alto que el contexto político social que El Salvador vivía era altamente inestable. Y que, por supuesto, no dependió de sus palabras el inicio del conflicto armado, que por otra parte, ya había iniciado hacía más de cincuenta años, a principios de 1932. 

Con el acto de beatificación, a Óscar se le otorga más que el título de "salvadoreño universal". Personalmente pienso que si a él, valga la imaginación, se le pudiera preguntar sobre esto, sería el primero en renunciar al título. Porque Óscar era un ser humano con los pies sobre la tierra. Porque sabía que sus palabras trascenderían mucho más que su imagen. Sin embargo, celebro el acontecimiento porque se trata de la reivindicación de un gran ser humano, y  es esto, que ya excede el plano religioso, el motivo por el que vale hacerlo beato, y seguramente santo de la Iglesia Católica. Hubo quiénes en su momento lo quisieron callar, desconocemos quién (aunque muchos sospechamos un "piricuaco" que anduvo por ahí). Por esa razón, su inclusión en el memorial católico es más que un premio a sus actos, un justo castigo para aquellos que lo quisieron suprimir. Pudieron haber asesinado su cuerpo, pero ahora, jamás van a poder callar su recuerdo. 

Para quien se cuestione sobre la labor de Óscar, si fue un guerrillero, un revolucionario sin fusil o un instigador marxista (absurdo término), conviene recordar que igualmente Cristo, en su momento fue un revolucionario. Claro, desde su perspectiva y apegado siempre al contexto que le tocó vivir. Yo pregunto: ¿quién puede negar que en tiempos de odio, predicar el amor no es un acto revolucionario? Y El Salvador a principios de los años 80, vivía el resultado de un delicado entramado social y político que logró desbaratar a nuestro país. Eran tiempos de odio y ahí, en medio de ellos, Óscar blasfemaba pidiendo no matarse entre hermanos. La política es una mera cuestión de poder y el bando que se escoja, simplemente determina cuánto tiempo se tarda en llegar al poder. No hay héroes en este asunto. Y Óscar lo sabía bien. Él predicó y ofreció consuelo a los pobres, no por sus convicciones políticas, sino porque eran los olvidados, los marginados, los que sufrían la peor parte. Mientras la antesala de la guerra se extendía como un juego de ajedrez, meticulosamente planeado, los más humildes eran quienes vivían en carne propia el dolor de perder hasta la esperanza. Y ahí estuvo él, brindando su amistad e incluso lo poco que tenía para aliviar su dolor. 

No tengo idea si con su beatificación se convierta Óscar en el "salvadoreño más universal". Yo suponía que el "Mágico" González lo era ya. Pero sí estoy seguro que hará que su memoria perdure y que quienes renegaron y aun reniegan de él, se den cuenta que los mensajes son los universales, no las personas. Si para usted, sus palabras no significan nada, al menos tenga la decencia de respetarlas porque, para muchos, si valen y fueron todo lo que tuvieron en su momento. Ahí está la esencia de cualquier religión: el respeto por las creencias aunque no sean las propias. A 35 años de su muerte, El Salvador continúa viviendo tiempos complicados y llenos de violencia. Alguna vez Óscar mencionó que esperaba que su muerte fuera semilla de paz. Poco podemos hacer por remediar la situación actual, pero creo que al menos podemos dejar de propagar el odio con argumentos ridículos, carentes de contenido. 

Por eso, aquella tarde de marzo, un momento antes que la bala se disparara, Óscar elevo los ojos al cielo y ofreció algo más que el pan consagrado de la eucaristía. Ofreció su memoria, sus palabras para que las llevemos siempre y que estas, en lugar de generar división creen paz, entendimiento y amor. En eso creía Óscar el guerrillero, Óscar el cura marxista, Óscar el revoltoso. Así que crea usted o no en él, su mensaje vivirá por siempre.

Muchas gracias, Óscar. 


jueves, 19 de marzo de 2015

El arte de hacer política

La política, como cualquier buen ejercicio humano, es algo para lo que existe una manera adecuada de hacerlo y otra que no lo es, pero ello no significa que no lleve al mismo resultado. Supongo que sería trillado decir que la mayoría de políticos, acá como en el mundo entero, optan por la segunda. Bien por ellos. Se ve que les ha dado resultado y, ¿por qué cambiar el método? Sin importar si sabés nadar o no, lo importante es llegar a la orilla. La política, ante todo un show mediático, no es diferente. Después de todo, algo de arte o magia se requiere para política.

Sí, no se escucha tan complicado. Ahora, antes que te pongás a pensar qué color va a llevar tu banderita, o a qué lado vas a tirar, hay que saber que existen la política y los politiquería. Yo no lo sabía, pero aparentemente la RAE, define la politiquería como la acción de intervenir o entablar acciones políticas de manera superficial (o basarse en intrigas, demagogias y calumnias). Y añade por ahí, que es un término más bien común en América. Para los griegos, (politikos) era el arte del gobierno de la ciudad. He ahí la cuestión. No simplemente se trata de arengar masas, hacer proselitismo barato o regalar camisas con tu nombre. En El Salvador, ha quedado demostrado que poseemos un inepto y por demás inadecuado sistema electoral que, entre otras cosas, se ha tardado más de dos semanas en procesar los resultados de un ejercicio electoral para concejos municipales y la asamblea legislativa. Pero aquí la política es un chiste al final. Agoniza. Y las razones van mucho más allá de las autoridades o los mismos actores políticos.

He querido comparar el arte (en general) con la política porque creo que tiene puntos en común, o cuando menos, me ha servido para comprender algo que considero sumamente importante. En ambos casos, todo se trata de la imagen y el mensaje que se quiere mandar. El público siempre va a ponderar, ya sea tu aspecto como tus palabras. Para muchos artistas, lamentablemente pesa más la imagen que el contenido. Habrán excepciones, igual que en el caso de la política. Supongo que aquí nos enfrentamos a un caso de "Quis custodiet ipsos custodes?" Precisamente, ¿quién controla a los que nos controlan? (o pretenden hacerlo). Los movimientos sociales al rededor del mundo han seguido su paso, y a prueba y error, han demostrado su eficacia en determinadas sociedades. El Socialismo, primo y sucesor del temido Comunismo se ha abierto camino en economías que buscan emanciparse, teniendo en común la bandera de un cambio casi mesiánico que promete corregir rumbos y establecer nuevos poderes. El comunismo es revolución; el Socialismo es evolución según cita la teoría.

El problema es que la política es una bestia que se desata y no solamente ha de ser controlada por los políticos mismos, sino además, por el pueblo que será incidido directamente por ello. Es por eso que resulta sumamente importante no aferrarse a conceptos pre establecidos. Hacer política es un ejercicio de madurez intelectual y emocional. Si lo que a vos te gusta es usar camisa y banderas de un partido, mejor andá al estadio. La política evoluciona y con él, las ideas que adopta. Volviendo a la cuestión del arte; un artista, en cualquier rama que se desempeñe, no puede simplemente aferrarse a las tendencias del arte clásico y hacer de ellas su trabajo. Si un artista no admite nuevas ideas, técnicas y expresiones, se queda relegado. Se vuelve un artesano, un decorador vendedor de piezas utilitarias. Un político igual. Si un partido, quiere seguir suponiendo que las ideas de sus fundadores y máximas figuras del pasado siguen vigentes se volverán politiqueros. Y eso es algo que tanto los mismos políticos como sus correligionarios deben entender. Un partido de izquierda no puede seguir pensando: "¿qué diría Marx o el Che?" Tan ridículo como que la derecha siga pensando que los gobiernos militares, las dictaduras y el caudillismo sean la solución para todo. Las nuevas ideas tienen que venir, dejarse actuar. La gente espera cambios, pero quiere seguir atesorando las mismas ideas anquilosadas, que tal vez no hayan perdido vigencia del todo, pero ya no corresponden con los sistemas sociales que se pretenden construir.

Supongo que este breve ejemplo se puede aplicar a casi cualquier ámbito de actividad humana. No existen las verdades absolutas ni los mesías. Lo único que cabe son las acciones concretas, las soluciones viables y la esperanza de corregir rumbos, dejando el poder en manos nuevas. O en manos de gente coherente (si las hay) por lo menos. Puede que nada salga bien al final, pero es preciso abandonar las ideologías y darle paso a las ideas porque el arte de hacer política, es un acto de renovación constante donde la lucidez, ante todo, debe prevalecer.  

domingo, 1 de marzo de 2015

El arma más peligrosa

En mucho se parecen las palabras a las balas: nos quedamos sin ellas cuando más las necesitamos, y, como diría Richard Burton, "Una palabra hiere más profundamente que una espada". A diario decimos palabras. Ya sea por repetición, cortesía o necesidad de expresión de cualquier índole. El lenguaje, entendido como sistema de agrupación y regulación de palabras, ha acompañado a la humanidad desde siempre. Después de tantos años, ya parecen cualquier cosa menos una poderosa herramienta de expresión. 

Me llama la atención como, por ejemplo, en las escuelas el maestro es la luz que imparte conocimiento mientras, los alumnos prestan devota atención. En un caso ideal, por supuesto, los alumnos absorben este conocimiento, de manera que la labor del docente es difundir conocimientos y aportar al crecimiento intelectual y racional de sus estudiantes. Ya que hablar, es cosa de dos; el que dice, y el que escucha. Pero lo interesante viene cuando surgen esas pequeñas cuestiones que, por muy mínimas que parezcan, inciden de manera crítica en cualquier sistema. De un mínimo detalle podemos estar hablando, pero bien podría desintegrar el sistema que compone. Sea el caso: ¿Cuál es la preparación de los maestros, para validar su lugar en el salón de clases? Ya que a veces pareciera que les corresponde más el lugar de sus discípulos. Hablo exactamente de sistemas educativos, tan carentes como los de El Salvador. No solamente carentes de didáctica, pedagogía y contenido, sino incluso de cosas tan elementales como la personalidad y el carácter de los docentes. Algo que no debería ponerse en juicio, pero es la triste realidad de nuestro país. Acá, y probablemente en muchos lugares de América Latina y el resto del mundo, existe un severa deficiencia en cuanto al personal docente que imparte sus conocimiento en las aulas. La lista se puede hacer interminable: desde profesores que compiten con los alumnos a ver a quién le interesa menos las clases, hasta individuos de dudosa ética que buscan situaciones extra curriculares con sus pupilos. Es lamentable como algunos, ni siquiera saber expresarse frente a una clase. Muchos de ellos, ni siquiera saben cómo impartir una clase. Es seguro que poseen los conocimientos, pero carecen de metodología. Se limitan a dictar textualmente el contenido de libros que, en el mejor de los casos, están atrasados para que no caer en el uso del propio material didáctico en curso. E incluso eso sucede. He comprobado de buena fuente, que un docente competente, o por lo menos parecerlo, hay que interesarse en alimentar los conocimientos constantemente, día a día, la labor de un profesor es estar al día. En cambio, lo que sucede casi siempre es que el maestro, se escuda en sus credenciales obtenidas y automáticamente se vuelve incuestionable aunque hable sandeces frente a la clase. 

Todo comienza con una palabra. Una palabra errada puede causar que una mente en blanco se descarrile. 
Y si bien el alumno tiene todo el derecho a cuestionar al maestro, muchos de ellos ni siquiera tienen el interés de poner atención. Resultando que el sistema contamina el conocimiento y lo poco que el alumno pueda llegar a recordar, serán conceptos equivocados. Hasta aquí, el asunto es preocupante. Pero se vuelve terrorífico, cuando esta arma sale del salón de clases y ataca a la sociedad indiscriminadamente. 
Vivimos en un época en la que la información es capaz de viralizarse y llegar cualquier rincón en cuestión de segundos. ¿Y que valida esta información? Absolutamente nada. Cualquier persona puede expresarse por medio de las redes sociales y difundir información que seguramente llegará a miles de personas en solo instantes, como una chispa en un rastro de gasolina. 

La campaña política que actualmente afecta a nuestra sociedad salvadoreña (finalizada con las elecciones para el período 2015-2018, al momento de esta redacción) es un ejemplo claro de ello. Cualquiera que viniera para atestiguar lo que no ha sido más que una campaña sucia de principio a fin, me daría la razón. La campaña que ha partido de la idea de atacar al rival, en lugar de proponer acciones concretas, ha sido una de las más patéticas que puedo recordar recientemente. Y lo peor: la cantidad de ideas (si así se les puede llamar) que han circulado por las redes sociales, difamando la imagen de los candidatos. En un acto de pura demagogia, del que hemos hecho ya un arte en este país, nos encontramos con acusaciones que en lo personal no me parecen sino ridículas y por demás absurdas. Y digo esto por que no se trata del contenido, sino más bien, de la pregunta: ¿Habrá quienes crean la basura que se difunde? Y ¿Cuántos de ellos la pueden llegar a tomar por cierta? Muchos, miles seguramente. Es que todo se complementa a la perfección; una sociedad con escaso nivel cultural bombardeada con una obtusa propaganda que he llegado a pensar, es una campaña de idiotización nacional. Sólo en un país, tan pobre intelectualmente como El Salvador, eso podría funcionar. Todo eso me hace pensar que, si al menos, se dedicara un 10% de ése esfuerzo al sistema educativo actual, muchas cosas se lograrían. Quizá, incluso sacar al país de la vorágine de violencia que dinamita diariamente a la sociedad. 

La elecciones finalizan el noche de hoy (1° de marzo de 2015) y con eso se acaba el problema de la mala propaganda política barata. Al menos por un par de años. Pero el problema persiste. Desde los docentes incapaces hasta los alumnos sin interés por aprender. Entre todos, nos hemos encargado de desprestigiar a nuestro país sistemáticamente. Y así continuaremos, hasta que entendamos el valor de las palabras. El grave impacto que se genera a partir de ellas y cómo, pueden desviar el cause del intelecto, a pequeña o gran escala. Todo comienza siempre con una palabra. 









martes, 13 de enero de 2015

Je ne suis pas Charlie (Qui sommes-nous?)

Las muestras de odio ocurren a diario, en todo el mundo, en menor o gran escala. Las implicaciones del atentado al semanario francés Charlie Hebdo, la semana pasada, van más allá de lo que se ha querido señalar como un ataque a la libertad de expresión. Primeramente, valdría reconocer que la publicación ya antes había recibido amenazas por difundir material exponiendo la imagen de Mahoma, cuando en el 2006, reimprimió viñetas de una revista danesa, con alusión al tema. Evidentemente que sobre aviso no hay reclamo. Luego sería bueno saber que el pueblo islámico es muy celoso con su tradición y sus creencias, y que no hacen ninguna concesión al respecto. Sino, véase la persecución que por años obligó a Salman Rushdie, autor británico nacido en India, en 1988 tras publicar "Los Versos Satánicos".  Entonces, la pregunta es ¿qué necesidad hay de ofender para generar crítica? Resulta que de la tolerancia que ahora todo mundo predica, nadie se acordó mientras se usaba la imagen del Profeta antes.

La libertad de expresión es como una frontera: sólo existe en la mente de los que la usan para sus intereses. Yo siempre he creído que se puede entablar un discusión o cualquier debate sin tener que recurrir a aplastar los sistemas de creencia de otros. Ciertamente, Charlie Hebdo, no enfocaba sus críticas únicamente al Islam en sus publicaciones. Pero de todas maneras, una provocación no deja de serlo aunque se intente disfrazar. la libertad de expresión, no es algo mágico que nos permite ir por ahí diciendo lo que queramos sin que nadie nos mira mal siquiera. No, por el contrario, es la responsabilidad de manejar con inteligencia nuestras opiniones en favor de una acción significativa. Francia vivió una semana difícil ciertamente, el caos y el miedo se apoderaron de la gente y todo terminó con saldo trágico. Se perdieron vidas y talento de los caricaturistas del semanario. Y nada justifica la violencia de un grupo de fanáticos religiosos, si es que claro, creemos que fueron ellos los responsables de la masacre. No hay que confundir y asumir que todo musulmán es terrorista por naturaleza. Pero detrás de todo, ¿existe realmente no que se nos intenta vender? Supongo que como siempre, lo más razonable es cuestionarlo todo. 

La postal quedó muy bonita: Putin, Merkel y Netanyahu (¡responsable de miles de muertes en Gaza!) con Hollande, haciendo una cadena humana al frente de una multitudinaria concentración en contra del terrorismo. Lápices afilados, alzados y el grito de "Je suis Charlie" porque ahora, Todos somos Charlie, todos lo que no hemos ofendido con las tragedias y las violaciones a los derechos humanos y las libertades. Curiosamente, una manifestación así no se hace cuando las masacres (muchos más que diecisite) suceden en África. Y desde luego, mucho menos cuando son los gobiernos los responsables o al menos, han dejado pasar las cosas. La situación de Francia es complicada, como en todas partes. Por eso, antes de usar el hashtag (#) sépase que: el gobierno francés actual, comandado por monsieur Hollande, quien por cierto parce ser casi tan impopular como Peña Nieto y solo un poco más que Sánchez Cerén, es de tendencia socialista (le ahorro la búsqueda en el diccionario: socialismo=satanismo, especialmente en latinoamérica). Y Charlie Hebdo, también, entre otras posturas más. La cuestión de la migración y la discriminación musulmana en Francia no es nueva ni mucho menos sencilla de entender. Algo así como los nicaragüenses en Costa Rica o lo salvadoreños en Estados Unidos. ¿Por qué dudar entonces de los análisis de CNN y sus secuaces? Sencillamente por que este mundo es una ilusión que todos terminamos por creer tarde o temprano. Así como existen grupos extremistas islámicos, también hay cristianos fanáticos capaces de hacer barbaridades indecibles. ¿No dicen acaso, que lo que pasó el 11-S fue propiciado por el gobierno mismo? Curiosamente, el ataque y el repudio hacia oriente medio se aviva en estos momentos en que el oro negro ha bajado de precio. Solamente se puede estar seguro que es terrible lo que el ser humano puede hacer en procura de sus intereses. Nada más. 

Más de un millón de personas congregadas en París, gritando ser Charlie a una voz, con lápices en alto y la consigna de repudiar el terrorismo. Antes de ser Charlie, sería bueno, estar conscientes que no se trata nada más de una tendencia de moda únicamente. Si los evento de París conmueven, claro, como deberían hacerlo todos asesinatos, por ejemplo los quince al día que suceden acá en El Salvador, disparados a propósito para hacer propaganda política. Los genocidios como los sucedidos en Ruanda a principios de los 90 y en Guatemala con Ríos Montt y más recientemente en Ayotzinapa, México. La solidaridad no debería solamente desempolvarse cada vez que un acto se vuelve trending topic. ¿Qué hay del desprecio hacia las madres solteras, la comunidad homosexual y la pobreza? Y eso pasa todos los días. La intolerancia no solo tiene que ver con la religión. 
Descansen en paz Charb, Cabu, Wolinski y Tignous; los civiles y los agentes de policía; los autores del atentado y todos los que a diario pierden la vida por causa del odio. Pero especialmente, los cientos de miles que mueren en silencio y nos importan un carajo el resto de los 364 días del año.