La política, como cualquier buen ejercicio humano, es algo para lo que existe una manera adecuada de hacerlo y otra que no lo es, pero ello no significa que no lleve al mismo resultado. Supongo que sería trillado decir que la mayoría de políticos, acá como en el mundo entero, optan por la segunda. Bien por ellos. Se ve que les ha dado resultado y, ¿por qué cambiar el método? Sin importar si sabés nadar o no, lo importante es llegar a la orilla. La política, ante todo un show mediático, no es diferente. Después de todo, algo de arte o magia se requiere para política.
Sí, no se escucha tan complicado. Ahora, antes que te pongás a pensar qué color va a llevar tu banderita, o a qué lado vas a tirar, hay que saber que existen la política y los politiquería. Yo no lo sabía, pero aparentemente la RAE, define la politiquería como la acción de intervenir o entablar acciones políticas de manera superficial (o basarse en intrigas, demagogias y calumnias). Y añade por ahí, que es un término más bien común en América. Para los griegos, (politikos) era el arte del gobierno de la ciudad. He ahí la cuestión. No simplemente se trata de arengar masas, hacer proselitismo barato o regalar camisas con tu nombre. En El Salvador, ha quedado demostrado que poseemos un inepto y por demás inadecuado sistema electoral que, entre otras cosas, se ha tardado más de dos semanas en procesar los resultados de un ejercicio electoral para concejos municipales y la asamblea legislativa. Pero aquí la política es un chiste al final. Agoniza. Y las razones van mucho más allá de las autoridades o los mismos actores políticos.
He querido comparar el arte (en general) con la política porque creo que tiene puntos en común, o cuando menos, me ha servido para comprender algo que considero sumamente importante. En ambos casos, todo se trata de la imagen y el mensaje que se quiere mandar. El público siempre va a ponderar, ya sea tu aspecto como tus palabras. Para muchos artistas, lamentablemente pesa más la imagen que el contenido. Habrán excepciones, igual que en el caso de la política. Supongo que aquí nos enfrentamos a un caso de "Quis custodiet ipsos custodes?" Precisamente, ¿quién controla a los que nos controlan? (o pretenden hacerlo). Los movimientos sociales al rededor del mundo han seguido su paso, y a prueba y error, han demostrado su eficacia en determinadas sociedades. El Socialismo, primo y sucesor del temido Comunismo se ha abierto camino en economías que buscan emanciparse, teniendo en común la bandera de un cambio casi mesiánico que promete corregir rumbos y establecer nuevos poderes. El comunismo es revolución; el Socialismo es evolución según cita la teoría.
El problema es que la política es una bestia que se desata y no solamente ha de ser controlada por los políticos mismos, sino además, por el pueblo que será incidido directamente por ello. Es por eso que resulta sumamente importante no aferrarse a conceptos pre establecidos. Hacer política es un ejercicio de madurez intelectual y emocional. Si lo que a vos te gusta es usar camisa y banderas de un partido, mejor andá al estadio. La política evoluciona y con él, las ideas que adopta. Volviendo a la cuestión del arte; un artista, en cualquier rama que se desempeñe, no puede simplemente aferrarse a las tendencias del arte clásico y hacer de ellas su trabajo. Si un artista no admite nuevas ideas, técnicas y expresiones, se queda relegado. Se vuelve un artesano, un decorador vendedor de piezas utilitarias. Un político igual. Si un partido, quiere seguir suponiendo que las ideas de sus fundadores y máximas figuras del pasado siguen vigentes se volverán politiqueros. Y eso es algo que tanto los mismos políticos como sus correligionarios deben entender. Un partido de izquierda no puede seguir pensando: "¿qué diría Marx o el Che?" Tan ridículo como que la derecha siga pensando que los gobiernos militares, las dictaduras y el caudillismo sean la solución para todo. Las nuevas ideas tienen que venir, dejarse actuar. La gente espera cambios, pero quiere seguir atesorando las mismas ideas anquilosadas, que tal vez no hayan perdido vigencia del todo, pero ya no corresponden con los sistemas sociales que se pretenden construir.
Supongo que este breve ejemplo se puede aplicar a casi cualquier ámbito de actividad humana. No existen las verdades absolutas ni los mesías. Lo único que cabe son las acciones concretas, las soluciones viables y la esperanza de corregir rumbos, dejando el poder en manos nuevas. O en manos de gente coherente (si las hay) por lo menos. Puede que nada salga bien al final, pero es preciso abandonar las ideologías y darle paso a las ideas porque el arte de hacer política, es un acto de renovación constante donde la lucidez, ante todo, debe prevalecer.
He querido comparar el arte (en general) con la política porque creo que tiene puntos en común, o cuando menos, me ha servido para comprender algo que considero sumamente importante. En ambos casos, todo se trata de la imagen y el mensaje que se quiere mandar. El público siempre va a ponderar, ya sea tu aspecto como tus palabras. Para muchos artistas, lamentablemente pesa más la imagen que el contenido. Habrán excepciones, igual que en el caso de la política. Supongo que aquí nos enfrentamos a un caso de "Quis custodiet ipsos custodes?" Precisamente, ¿quién controla a los que nos controlan? (o pretenden hacerlo). Los movimientos sociales al rededor del mundo han seguido su paso, y a prueba y error, han demostrado su eficacia en determinadas sociedades. El Socialismo, primo y sucesor del temido Comunismo se ha abierto camino en economías que buscan emanciparse, teniendo en común la bandera de un cambio casi mesiánico que promete corregir rumbos y establecer nuevos poderes. El comunismo es revolución; el Socialismo es evolución según cita la teoría.
El problema es que la política es una bestia que se desata y no solamente ha de ser controlada por los políticos mismos, sino además, por el pueblo que será incidido directamente por ello. Es por eso que resulta sumamente importante no aferrarse a conceptos pre establecidos. Hacer política es un ejercicio de madurez intelectual y emocional. Si lo que a vos te gusta es usar camisa y banderas de un partido, mejor andá al estadio. La política evoluciona y con él, las ideas que adopta. Volviendo a la cuestión del arte; un artista, en cualquier rama que se desempeñe, no puede simplemente aferrarse a las tendencias del arte clásico y hacer de ellas su trabajo. Si un artista no admite nuevas ideas, técnicas y expresiones, se queda relegado. Se vuelve un artesano, un decorador vendedor de piezas utilitarias. Un político igual. Si un partido, quiere seguir suponiendo que las ideas de sus fundadores y máximas figuras del pasado siguen vigentes se volverán politiqueros. Y eso es algo que tanto los mismos políticos como sus correligionarios deben entender. Un partido de izquierda no puede seguir pensando: "¿qué diría Marx o el Che?" Tan ridículo como que la derecha siga pensando que los gobiernos militares, las dictaduras y el caudillismo sean la solución para todo. Las nuevas ideas tienen que venir, dejarse actuar. La gente espera cambios, pero quiere seguir atesorando las mismas ideas anquilosadas, que tal vez no hayan perdido vigencia del todo, pero ya no corresponden con los sistemas sociales que se pretenden construir.
Supongo que este breve ejemplo se puede aplicar a casi cualquier ámbito de actividad humana. No existen las verdades absolutas ni los mesías. Lo único que cabe son las acciones concretas, las soluciones viables y la esperanza de corregir rumbos, dejando el poder en manos nuevas. O en manos de gente coherente (si las hay) por lo menos. Puede que nada salga bien al final, pero es preciso abandonar las ideologías y darle paso a las ideas porque el arte de hacer política, es un acto de renovación constante donde la lucidez, ante todo, debe prevalecer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario