El arte en general es cualquier actividad que procede de la necesidad humana de expresar ideas o emociones por cualquier medio existente (o por existir). Plástica, música, lingüística. Ante nada, el arte es un vivo reflejo de la cultura en que se desarrolla. Es un testamento del contexto social en que se desarrollan dichas actividades. Y aunque muchas personas piensen que últimamente se han trivializado los medios de expresión, el arte no deja de ser una herramienta fundamental de comunicación para todas las sociedades. El arte, por ende, ofrece infinitas posibilidades no solo para los artistas sino también para los espectadores a lo largo de la historia. De ahí que, desde siempre, se busque al arte como medio de canalización para dar salida a un sinfín de sentimientos. Las catársis y el arte van de la mano.
El arte, en toda su historia, pasó de ser una herramienta básica de expresión; útil para la cacería primitiva y luego para lo que terminaría siendo el primer lenguaje escrito, a una noble profesión que acarreaba fortuna y reputación. Cómo vino a acabar en una alternativa profesional para los que no se llevan bien con las matemáticas o reniegan de cortarse el cabello para trabajar, ¡quién sabe! Y vaya que se equivocan, las matemáticas, como la música y el arte en general andan en busca de una misma cosa: armonía. Me atrevería a decir que un error admisible, más no perdonable, en una sociedad con estándares culturales tan bajos como la nuestra (El Salvador). Sin embargo no se juzgan justos por pecadores. Acá en el medio han existido buenos creadores que han contribuido con eso que precisamente persigue el arte. Y las consecuencias quedan a la vista: ahora incluso es una opción de estudios superiores. ¿Quién les ha dicho que el arte se puede enseñar? O peor aún: ¡aprenderlo!
Volviendo al punto de qué rayos es lo que ofrece el arte, quiero retomar la idea de quienes consideran que las expresiones modernas de arte son, cuando menos, atroces. Hay que recordad que toda expresión empezó así, como una idea, una sugerencia. Fue el tiempo, y no la opinión de un académico autoproclamado, lo que acabó validándola. No olvidar: el arte pertenece al contexto social en que se desarrolla. Incluso, algunas expresiones no empezaron con el pie derecho y acabaron siendo indiscutibles. Conocen el cuento del expresionismo, ¿cierto? En todo caso, el arte habla (o debería hablar) de libertad creativa. Cualquier tipo de arte sujeto a un tecnicismo o una pauta logística se vuelve una artesanía; producción en masa. Nadie tiene derecho a mutilar el arte ni restringir la libertad creadora el artista. Es una ofensa al dogma del arte. En pocas palabras, si alguien se le da la gana pintar un pared azul y llamarlo "Tristeza" y luego vender el trozo de pared, está bien. No tiene nada de malo. Es problema de quien quiera adquirirlo. No hay derecho de venir a comparar esa misma pared con un cuadro de Rembrandt y opinar que el arte se ha vuelto decadente. El arte, siempre que contribuya al diálogo en positivo o negativo, debe ser bienvenido.
Al final, el problema no es la pieza, es la gente que se indigesta con las ideas que son diferentes.
¿Cuál es el abordaje apropiado que merece una pieza de arte, de cualquier medio? Ante nada, entrar con prejuicios derribados. Y sobre todo, tener el claro lo que el arte puede ofrecer. Me parece que existe la idea arraigada que el arte ofrece respuestas a cuestiones existenciales, un escape para mentes febriles y subconsciencias oscurecidas. He ahí el problema: ¡el arte no ofrece respuestas! Una pintura, escultura, canción, lo que sea, jamás debe generar una respuesta concreta. El arte existe para cuestionar. Un artista debe se un agitador, un paria que se dedica a desestabilizar el sistema preconcebido de ideas, en una sociedad que bombardea a diario con pautas de comportamiento que a la larga son ridículas. Una obra de arte tiene que causar asco, inquietud, repulsión, debería detonar en la mente una infinidad de preguntas respecto al tema que plantea. Finalmente la estética, igual que la moral es simplemente una variable. Si al estar frente a una pieza, no se desencadenan interrogantes, entonces no se está frente a una obra de arte, sino frente a una bonita pieza de artesanía. Y no es que la artesanía deje de ser arte, es cuestión de tener claro lo que se busca como espectador o como artista. Es inevitable que el arte se vuelva comercial, siempre lo ha sido y lo será. Pero el mensaje debe estar claro, ahí, oculto entre muchas capas de razonamiento y análisis profundos.
Hay que dejar evolucionar al arte y sus propuestas, hay que saber entenderlo y dejarlo desarrollarse. Una condición justa, pensando que él, nos ha permitido desarrollarnos a nosotros como sociedad y como seres humanos.
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